Persevera y triunfarás. Ese axioma con el que se premia el esfuerzo, cuando se consigue un objetivo, se lo puede asociar con la tarea que ayer cumplió Rubén Molina, dueño de la mayor alegría que vivieron los hinchas de San Martín ante Atlético.
Durante el partido, el ex volante de Racing de Córdoba se las ingenió para llegar vacío por el andarivel derecho, pero hasta rato antes del final del partido, sus trepadas no terminaban en buen puerto. Pero a los 42 minutos del complemento, Molina reiteró la receta y pudo al fin derrotar a Ezequiel Cacace -con el buscapié de Gustavo Ibáñez-. Ese gol, el del 1 a 0, le sirvió de presentación ante los simpatizantes del "santo".
"Pensar que el primer objetivo que tenía en este encuentro era poder estar entre los titulares y darme el gusto de debutar con esta camiseta. Quería demostrar que tengo condiciones para jugar en este club. Pero nunca pensé que terminaría siendo yo determinante en el marcador final. Es una caricia que me dio Dios", aseguró el cordobés, que se ganó una de las mayores ovaciones cuando al final el técnico Carlos Ramacciotti lo reemplazó por Mauricio Levato.
Su primera experiencia en el clásico tucumano no pudo haber sido más auspiciosa. No sólo por el gol sino por las sensaciones que le quedaron por el apoyo que bajó de las tribunas. "Me di cuenta de que no era un verso cuando me dijeron que estos encuentros dividen a Tucumán en dos. Este grupo, del que me enorgullece formar parte, es consciente de que el objetivo es llegar lo mejor posible al 19 de agosto, el día del debut frente a Libertad de Sunchales", agregó el volante.
En cuanto a lo deportivo, Molina reconoce que en la medida que el equipo tenga en el Argentino A la misma actitud que mostró ayer, los resultados positivos pueden llegar a ser una constante. "Contamos con los argumentos para comenzar a ilusionar a la gente. Pero esto no tiene que conformarnos, sino obligarnos a redoblar el esfuerzo para responderles a quienes creyeron en nosotros", concluyó la figura del clásico.